La República Galáctica de Star Wars

La República Galáctica de Star Wars

En Star Wars, la República Galáctica, tanto la antigua como la nueva, ha sido importante en el trasfondo de la historia, pero ¿Cuáles son los elementos que la definían?



En las películas de Star Wars, la República Galáctica es vista como la contraparte del Imperio Galáctico. Mientras este último es sinónimo de opresión y maldad, el primero es ejemplo de democracia y libertad, y su defensa o reconstrucción (dependiendo de si se habla de las precuelas o las películas originales) es una aspiración más de los “buenos” en la saga. Con el reciente lanzamiento de la nueva película dirigida por Rian Johnson, Star Wars: The Last Jedi (Star Wars: Los Últimos Jedi), es oportuno hablar de la República, tantas veces vista o mencionada en las películas, series de TV, cómics, libros y más de esta saga creada por George Lucas.

Senadores de la Antigua República Galáctica en Star Wars Episode II: Attack of the Clones
La Antigua República Galáctica era una especie de confederación gobernada por un Senado unicameral y con un Canciller Supremo como jefe de estado y de gobierno. Foto de StarWars.com

Comencemos por el principio, con la Antigua República Galáctica, la que vimos en las precuelas de principios de siglo (los Episodios I, II y III de la saga), y más detalladamente, en la serie Star Wars: The Clone Wars de Cartoon Network (ya cancelada, lamentablemente). Navegando en Internet se puede encontrar un excelente artículo titulado “La República Galáctica debía caer” de un sitio Web llamado Jot Down, donde el autor hace un análisis exhaustivo, desde el punto de vista político, de las debilidades de la República Galáctica.  Resumiéndolo, los problemas que tenía la Antigua República partían desde un exceso de burocracia que dominaba la toma de decisiones; falta de partidos políticos que impusieran una línea programática a las decisiones de los Senadores; un Senado unicameral compuesto por miles de sistemas y planetas, cada uno con su propio sistema político (democracia, monarquía, colmenas, etc) y su propia forma de elegir senadores (por voto democrático, designados a dedo o hereditarios); presencia de gremios y organizaciones privadas con representación en el Senado (¿Alguien recuerda a la Confederación de Comercio y el Clan Bancario de las precuelas?); y un Canciller Supremo, débil ante las decisiones interesadas y sin militancia de los miembros del Senado.

El Senado de la República tenía un Canciller Supremo, jefe de estado y de gobierno, cuya permanencia en el cargo dependía en demasía de la confianza del senado (o, dicho de otro modo, su capacidad de tener contentos a suficientes aliados en el senado), con senadores que en al mayoría de los casos priorizaban las necesidades de sus mundos por encima de las de la República (personajes como Bail Organa o Padme Admidala, que defendían la República fielmente, podrían considerarse minoría), y teniendo está de por sí instituciones débiles ante la soberanía propia que cada sistema o planeta miembro del senado conservaba frente al gobierno republicano (no olvidemos que cada sistema tenía su propia milicia y gobierno, al punto que varios permanecieron neutrales durante las Guerras Clon). Todo en conjunto, era el caldo de cultivo apropiado para generar la corrupción del gobierno republicano que en las precuelas de Star Wars se indica, más aún cuando el propio Palpatine conspiraba en las sombras para destruir la República y convertirla en un Imperio. Adicionalmente, la falta de un ejército propio los hacia muy dependientes de la Orden Jedi y sus poderes para resolver los conflictos internos y defenderse de los externos, lo que habría que recordar, le daba a una orden religiosa, no electa y con sus propias reglas, un poder enorme dentro de una supuesta democracia.

Palpatine proclamando la creación del Imperio ante el Senado de la República, en Star Wars Episode III: Revenge of the Sith
Palpatine terminó proclamando la creación del Imperio, en medio de los aplausos del Senado de la República. Foto de StarWars.com

El artículo que les recomendé antes de Jot Down, resume perfectamente las fallas de la República con el siguiente párrafo:

“La República Galáctica combinó lo peor de la UE (medio federación / confederación —gobierno lejano a la ciudadanía—), de los EE. UU. (intereses localistas de legisladores) con Guerra de Secesión incluida (las Guerras Clon), de la Primera República Italiana (macrogobiernos de coalición), la República de Weimar (sin disciplina partidaria y ejecutivos inestables) o de la República Islámica de Irán (con un Consejo Jedi a imagen del Consejo de Guardianes de la Revolución).”



Personalmente considero que si fuese la vida real, la República Galáctica habría durado relativamente poco por sus innumerables fallos, presentes al menos en la era de las Guerras Clon; pero como es una ficción, también considero que, si duro tanto tiempo (1000 años por lo menos, según dice Palpatine en el Episodio III), fue en parte por la presencia de la Orden Jedi y su defensa y lealtad hacia la República. No por nada, Palpatine tuvo que crear toda una crisis en las sombras que degeneró en la Guerra de los Clones, para poder distraer a los Jedi con unos falsos enemigos en una guerra que él controlaba por completo, para así acumular el poder de la República hasta que pudiera atacar a los Jedi por la espalda con la Orden 66 y crear así el Imperio.

Altos mandos de la Alianza Rebelde en la conformación de la Nueva República en Star Wars.
Luego de derrotado el Imperio Galáctico tras los hechos de El Retorno del Jedi, la Alianza Rebelde se convierte en la Nueva República. Foto de StarWars.com

Esto nos lleva a la era de la actual trilogía de la saga, las representadas hasta ahora por Star Wars: The Force Awakens (Star Wars: El Despertar de la Fuerza) y Star Wars: The Last Jedi (Star Wars: Los Últimos Jedi). Estas películas se ubican 30 años luego de Star Wars: Return of the Jedi (Star Wars: El Regreso del Jedi), teniendo ya a la Nueva República existiendo, aunque la muestran poco y dura poco en pantalla. Para entender mejor a esta nueva República, les recomiendo libros como Star Wars: Bloodline de Claudia Gray, que explica muy bien el estado de la misma antes del comienzo de Force Awakens. En dicho libro, se nos muestra cómo, luego de caído el Imperio Galáctico, y surgida la Nueva República, hubo una obsesión por evitar la llegada al poder de otro Palpatine que crease un nuevo Imperio. Esto los llevó a que se diluyera el poder real del Canciller Supremo a tal grado, que combinado con el aumento de la burocracia del Senado y la lucha entre quienes deseaban darle más poder a los planetas Vs quienes defendían un gobierno central más fuerte, volviese inútil por completo la capacidad de gobernar de la República, y todo sin realmente corregir ninguno de los demás problemas que tuvo la Antigua República, y con el agravante de que la Orden Jedi que la había protegido anteriormente ya no existía. La gota final de esta Nueva República fue su obsesión de negarse a actuar contra los fanáticos de la primera orden deseosos de crear un nuevo Imperio y su incapacidad de enfrentar a los propios senadores que, en secreto, los apoyaban.


Escena de Star Wars Episode III: Revenge of the Sith donde se proclama la creación del Imperio

Puede que, tras esto, sea fácil que pensemos que un gobierno republicano en el universo de Star Wars sea ineficiente, a fin de cuentas, ya van dos Repúblicas que colapsan a lo grande y dejan la puerta abierta de par en par a los “villanos” de la galaxia, pero no olvidemos que Star Wars es, al final del día, una saga de ciencia ficción centrada más en la lucha del bien contra el mal que en la conformación de una República funcional. La necesidad de contar una historia fácil de entender para el público es sin duda el culpable de las muchas lagunas detrás de cómo funcionaba la República, o de elementos que, en la vida real, harían difícil su funcionamiento o existencia. Es de suponer que, más bien, se debe ver a la República aquí mostrada como ejemplo de lo que podría pasarle a una república cualquiera, el cómo se puede caer en la errónea idea de dar por sentado la existencia de la democracia y sus instituciones; como, en las circunstancias adecuadas, un hombre carismático pero autoritario y que solo desea el poder por el poder, puede tomar el control de hasta la más fuerte de las democracias; y, finalmente, la facilidad con que una democracia puede ser corrompida y destruida desde adentro si no nos mantenemos vigilantes y damos las cosas por sentado.





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